El fracaso no es lo que parece
2026-03-03 · Rodrigo Márquez
15 de enero de 2026. Gala Notodofilmfest. Estaba nominado por Y tú, ¿qué harías?, un cortometraje de ficción que había hecho 48 horas antes del cierre del festival, pero me hacía ilusión participar y la verdad la nominación fue una sorpresa muy agradable.
Cogí un AVE, reservé una noche de hotel en Madrid, me puse razonablemente elegante y fui a la gala.
Sorpresa.
No gané.
Lo sabía casi con total seguridad antes de entrar. Un 90%, diría. Y aun así, cuando no escuché mi nombre, hubo un momento de decepción. Pequeña, controlada, pero real. No voy a fingir que no.
Lo que vino después me parece más interesante que el resultado.
Después de la gala había una fiesta en la sala El Sol a la que no me apetecía ir. Salí de la gala y me di una vuelta por el centro de Madrid sin ningún plan concreto.
Caminando, arrastrando ese momento de decepción, pensando en nada y en todo a la vez.
En algún momento de esa caminata me di cuenta de algo bastante simple: lo que tenía que hacer era seguir creando.
No como consuelo.
No como “bueno, a por el siguiente”. Sino como certeza.
Volví al hotel temprano. Me levanté pronto al día siguiente. Y en esa mañana tranquila, antes de coger el AVE de vuelta a Valencia, retomé una idea que llevaba meses bloqueada. En el tren, con el portátil encima de la mesita plegable y el paisaje pasando deprisa, escribí el guión de Objetos Perdidos.
Una historia que no había podido desbloquear en meses salió en pocas horas. Directamente desde la decepción, o quizás gracias a ella.
Llevo un tiempo pensando en qué es exactamente el fracaso en esto que hacemos.
Presentas un proyecto a una convocatoria y no entra. ¿Es un fracaso? Mandas una propuesta a una marca y no responden. ¿Es un fracaso? Ruedas algo con mucha energía y luego no sabes muy bien qué hacer con ello. ¿Es un fracaso?
La respuesta es… que depende.
Ganar y no ganar son dos bifurcaciones en un camino. El problema es que tendemos a asumir que una lleva al éxito y la otra al fracaso.
Pero no lo sabemos.
No podemos saberlo en el momento. Lo que parecía el camino mejor a veces lleva a un callejón sin salida, y lo que parecía una derrota a veces abre algo que no esperabas.
Lo que sí puedes controlar es qué haces con el desvío.
La pregunta que creo que hay que hacerse para responder a todo esto no es otra que: ¿por qué estás en esto?
No me refiero a una respuesta noble ni a un manifiesto.
Me refiero a algo más práctico: si tienes claro por qué haces lo que haces, cada resultado externo —ganar, perder, que te ignoren, que te aplaudan— pasa a ser información, no veredicto.
Si no lo tienes claro, cada “no” se convierte en un fracaso, en una razón para parar. Y cada “sí” en una razón para seguir que dura exactamente hasta el siguiente “no”.
Yo no gané en esa gala, pero volví con una historia nueva.
¿Éxito o fracaso?
El tiempo lo dirá, pero lo que tengo claro es que estoy en esto para crear.
Y eso no depende de un premio. Depende de que, pase lo que pase, siga teniendo claro por qué hago lo que hago.
Si has llegado hasta aquí, muchas gracias.
Eso sí que es un éxito para mí.
Si tienes algo que decirme, historias de fracasos, reflexiones acerca de esto, insultos… no te cortes.
Seguimos.